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“A classic that refuses to be forgotten”

Presents Bis Music compilation album of the work of pianist Mario Romeu

Our island is characterized among many things by having produced many musicians of genius and unquestionable abilities over time. This is the case of Mario Romeu. Strange as it may seem, there is no record of any phonogram that includes the extensive work that he accumulated for so many years after playing every day in auditorium theaters, the studios of the Cuban Radio, nor his unforgettable collaboration for Cuban cinema.

A detailed work of compilation of two volumes in which the management of his children Belinda and Mayito was of great importance emerges for those who remember and admire his spirit. Some rescued tapes recorded in their diagnosis: “Tape in very bad condition, possibly its last reproduction”. Thus, some of the interpretations that are treasured were saved in his last roll, clinging to the intention of recovering his musical heritage, his legacy.

His compositions, interpretations of Lecuona, Manuel Saumel and Ignacio Cervantes stand out. There is a section for «simple sounds» and his nostalgic «Song of Rachel» written for the film La belladel Alhambra. His sound, classified by illustrious musicians as unique: «he caressed the piano, he did not seem to percuss it.» His unmistakable style carries Cuban lineage and universal reach.

Mario Romeu studied with his father Armando Romeu Marrero with his sister, ZenaidaRomeu, and with the Soviet pianist JaschaFischermann.

At the age of three he performed for the first time and the press classified him as a «child prodigy.» Even before he was four years old, he played the piano for four hands with his father at the National Theater. At the age of eleven he played Mozart and at the age of twelve he toured thirty-six cities in the United States performing Beethoven’s Concerto No. 2 for piano and orchestra and Liszt’s Hungarian Fantasy. This earned him a scholarship to the famed Curtis Conservatory in Philadelphia and cultivated an intense career.

In Cuba, there were many scenarios that acclaimed his virtuosity. He walked his path distributed by the Auditorium Theater, the Caracas Symphony and all relevant musical spaces. He then worked at Cuban Television from its founding until retirement beyond his eighties.

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“Un clásico que se niega al olvido”

Presenta Bis Music álbum compilatorio de la obra del pianista Mario Romeu

Nuestra isla se caracteriza entre muchas cosas por haber dado a lo largo del tiempo muchos músicos de genio y capacidades incuestionables. Es el caso de Mario Romeu. Por extraño que parezca, no se registra fonograma alguno que acopie la amplia obra que durante tantos años acumuló tras tocar cada día en teatros auditorios, los estudios de la Radio Cubana, ni su inolvidable colaboración para el cine cubano.

Un detallado trabajo de compilación de dos volúmenes en el que tuvo gran importancia la gestión de sus hijos Belinda y  Mayito emerge para quienes recuerdan y admiran su talante. Algunas cintas rescatadas, registraron en su diagnóstico: “Cinta en muy mal estado, posiblemente su última reproducción”.Es así que algunas de las interpretaciones que se atesoran fueron salvadas en su último rodar, aferradas a la intensión de recuperar su patrimonio musical, su legado.

Destacan composiciones suyas, interpretaciones a Lecuona, Manuel Saumel e Ignacio Cervantes. Hay un apartado para “sones sencillos” y su nostálgica “Canción de Rachel” escrita para el filme La bella del Alhambra. Su sonido, catalogado por músicos ilustres como único:“acariciaba el piano, no parecía percutirlo.” Su estilo inconfundible carga linaje cubano y alcance universal.

Mario Romeuestudió con su padre Armando Romeu Marrero con su hermana, Zenaida Romeu, y con el pianista soviético JaschaFischermann.

A los tres años de edad actuó por primera vez y la prensa lo catalogó como «niño prodigio». Aún sin cumplir los cuatro años tocó el piano a cuatro manos con su padre en el Teatro Nacional. Con once años interpretó a Mozart y a sus doce años realizó una gira, por treinta y seis ciudades de Estados Unidos interpretando el Concierto No. 2 para piano y orquesta de Beethoven y la Fantasía Húngara de Liszt. Esto le valió ganar una beca para el afamado conservatorio Curtis, de Filadelfia y cultivar una intensa carrera. 

En Cuba, fueron muchos los escenarios que aclamaron su virtuosismo. Anduvo su camino repartido por el Teatro Auditorio, la Sinfónica de Caracas y todo espacio musical relevante. Luego trabajó en la Televisión Cubana desde su fundación hasta la jubilación más allá de sus ochenta años.